Gran Vía de Madrid. 8:00 AM:

Acabo de volver del Corte Ingles el día antes de Reyes. Infernal sería una palabra bastante adecuada para describir la experiencia y el año que viene definitivamente escaparé de viaje o encargaré TODO por Internet antes de someterme de nuevo a semejante serie de torturas: en la carretera, en el parking, al elegir, al intentar pagar, para envolver y hasta para escapar del centro comercial.
El caso es que cuando he llegado a casa estaba tan reventado que me he puesto a divagar un poco por Internet y he encontrado en el blog de un antiguo compañero de clase y amigo, Distorted M1nd unas fotos que improvisó el otro día en la calle Gran Vía de Madrid y que contrastan bastante con el llamado “espíritu navideño”, que es eso que consiste en sonreir y fingir que somos mejores durante un par de semanas, pero que sobre todo sirve para justificar desde hace días el que de repente miles de personas estén comprando todas esas cosas que en realidad saben que no pueden pagar y no deben comprar, aunque Papa Nöel y Los Reyes Magos (y tanto) las pongan en sus casas.
Con espiritu navideño o no, el hombre del suelo podría haber estado muerto, o herido; pero visto que ningún viandante, excepto mi amigo, parecía percatarse de su presencia, cabía incluso la posibilidad de que no fuera en realidad más que una aberración triste y fea de su imaginación, así que decidió esperar allí parado unos 10 minutos para ver qué pasaba, y tomar unas fotos.
En todo ese tiempo nadie hizo el más mínimo caso al indigente, pero las fotos probaron que sí que existía y que simplemente a veces no hace falta ser incórporeo, para ser invisible.
A veces damos asco. También en Navidad. Enviamos dinero a miles de kilometros de distancia sin saber dónde acabará, pero a veces no nos percatamos de lo que nos roza.
También yo soy culpable.

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