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Terrible aterrizaje. Todavía me duele

*En respuesta a los miles de emails recibidos respecto a la falta de actualizaciones por aquí: no he actualizado ultimamente deprisa.net porque he intentado dejar aparcada unos días casi toda mi rutina (buena o mala, simplemente desconectar un poco de mi prisa obligada habitual).

Evidentemente no he recibido ni un sólo email preguntando si me había muerto (bueno, uno, pero lo de miles era broma). Lo que sí es cierto es que no he actualizado esta web porque me vine unos cuantos días a la costa para cambiar de aires y sobre todo porque, por culpa de una conexión más lenta que este presunto descerebrado haciendo una división con decimales, sólo me he conectado para cosas imprescindibles de trabajo.

No es que no haya querido enchufarme muchas más horas, es que he vuelto a pecar de ingenúo porque como yo tengo abierta la conexión en Madrid para que me coja conexión todo aquel que quiera se me había olvidado que aquí aún no he conseguido encontrar nunca ninguna wifi abierta, algún fonero cerca o al menos algún acceso privado cómodo de utilizar para leer porno por ejemplo, como dice un amigo.


Avenue Q – The Internet is for Porn

Sin poder evitarlo me tuve que volver loco el primer día para conectar un mac a la red usando una HTC P3600 y, aunque lo conseguí, el 3G justo en este trozo de costa es sólo una utopía de la que hablan en los anuncios porque la velocidad real crispa los nervios al menos 10 veces lo que pueda desestresar el pack playa + el tiempo tan estupendo que está haciendo estos días… Y eso que yo llegué a sufrir la época de los modems.

En fin. Días de Internet básico. Lo demás puede esperar:


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Por lo demás ¡perrea perrea!, cervecitas, pubs irlandeses y playa… Bueno, en realidad de playa no tanto porque aunque “gracias” a la salvaje explotación inmobiliaria y a la corruptela típica española tengo la playa a unos 30 metros caminando, yo prefiero quedarme en la piscina y dejar la arena en el suelo. Deberían asfaltar las playas.

¿Vosotros qué Preferis? piscina o playa

Las playas de baleares y Canarias me gustan bastante, pero en general sino es para observar a la gente o estar un rato, para bucear o para verla desde un barco yo prefiero casi siempre la intimidad de la piscina a las multitudes y arena de la playa.

No me refiero a preferir la playa para hacer deporte y cosas así, sino a elegir piscina o playa para estar tirado y bañandose. En esos casos, donde esté una piscina sin bichos, sin arena y sin gente, por mí, se pueden secar unas cuantas playas atiborradas de gente.

En la piscina puedo estar con la PSP o el portatil o el Zen o lo que sea sin miedo a que me lo quiten, el agua está menos fría, no hay arena, no hay gente, está más limpio…

Historias playeras para no dormir

Salvo (inmorales) excepciones la playa es de todos, así que no es buena para nadie, como digo yo, y es que las playas de algunos hoteles, zonas frías del norte o algunas calas como las de Baleares o Canarias son una adorable excepción; pero generalmente los trozos de costa ibérica suelen estar llenos de gente de todo tipo y no tienen limitado el acceso, lo que permite el paso a un largo etc de especímenes como ladrones o guarros bastante incómodos. No es que tenga nada contra la gente indeseable en general (contra los pandilleros, talibanes, prueba-politonos de bus y gente así sí; pero me refiero a gente normal). Me la refanfinfla lo que cada uno haga con su vida y de hecho me suele gustar la gente rara… Mientras no me molesten o anden molestando a otros seres vivos.

El problema es que en la playa abunda sobre todo el indeseable de tipo B, el que deja de ser divertido o curioso y se vuelve intrusivo. Molesta y a menudo no se limita con mojarte, pisarte las cosas, despertarte, llenarte de arena o darte pelotazos (hasta 6 o 7 veces tuvo que pisarnos y golpearnos con la bola de tenis una tipeja antes de ¡preguntar! “mejor me voy a alejar un poco” ¿verdad? Bastante a menudo van un poco más allá y dan lugar a situaciones como las 2 últimas que yo he vivido:

- Me encontraba tranquilamente leyendo un libro, tirado en la toalla, y aparte de unas cuantas guiris en topless (nada mejor que el pecho pequeño y sin silicona por cierto, jamás entenderé a las que se plantan ahí 2 balones de goma) que no hacen más que alegrar el paisaje no hay casi nadie en la playa (son las 16:00). Me estiro y retozo encantado, más feliz que una perdiz, pero justo durante esos instantes en los que redescubro de vez en cuando que lo verdaderamente importante de la vida son las pequeñas cosas y no la ambición que nos venden, aunque suene a tópico, oigo y diviso (por este orden) una familia enorme y tremendamente intrusiva.

Energúmenos Full-Equip: sombrilla-tienda, inflables, raquetas, niños, madre histérica, marido aficionado al puro, picoteos varios, cuñada repulsiva en topless y suegra gritona que, como si tuviera algún tipo de problema mental más grave del que aparenta, parece que no puede parar de decir “holaaa” “holaaa” “holaaa” “holaaaaa” a un pequeño aprendiz de monstruo que ella misma arrastra en un carricoche y que lo único que hace es llorar, en lo que se me presenta como la única acción lógica de todas las que podría hacer esa infernal prole que se me acerca… Cada vez más y más.

No no no no no no no

No no no no

No no no, es lo único que alcanzo a desear

(…)

no no

(…)

Pues sí. Señoras y señores: tienen unos 10.000 metros de playa casi vacía y se tienen que plantar a menos de 1m de mí, no sin antes llenarme de arena. Sin exagerar. A un puto metro de mí. Tienen metros y metros sin nadie al lado, o al lado de aquellas guiris en topless no operado mucho más interesantes que yo… Y sin embargo van y plantan su campamento de los horrores en este espacio, en una clara demostración de aquella frase que dijo Einstein:

“sólo hay 2 cosas ilimitadas… El universo y la estupidez humana. Y no estoy seguro de lo primero

¡Qué venga Herodes! ¡que venga el guardaespaldas de Ana Obregon a traerme la paz! Pienso mientras me levanto con cara de mala hostia para apartarme unos metros de ellos. Supongo que ni siquiera han llegado a plantearse imaginar que ser tan intrusivos no está bien, que gente así hace menos buenas las cosas buenas del mundo como la playa (aunque sea mejor la piscina).

NOTA MENTAL: Pintar rayas en las playas, como en los parking
TRUCO ANTI-INTRUSIVOS PLAYEROS: Alquilar una tumbona. Las familias con niños pequeños o demasiado numerosas suelen evitar estas áreas de pago. (nunca hay mal que por bien no venga)

El grupito que me echó de mi sitio tiró un puro al suelo, nos llenó de arena, sus crías me saltaban por encima, no paraban de gritar en un asqueroso acento, etc; pero no es lo peor que he visto. Eso ya había sucedido unas semanas antes.

Aquel día, también en Calpe pero un viaje anterior, una madre gorda y con ronchos de sudor distribuidos por las partes más asquerosas de su bañador de los 60 cogió a su hija de unos 7 años y lo bastante cerca nuestro como para que no pudiera evitar verlo, pero lo suficientemente lejos del mar al mismo tiempo como para que pudiera imaginarme el olor del pis pudriendose sobre la arena mientras alguien estaba sentado encima, agarro sin ningún tipo de pudor a esa pobre niña, “lo” sujeto con las patas lo más abiertas posibles y en medio de la playa un chorro de pis a toda presión empapó la arena donde la gente se tumba, a tan sólo unos metros de otra gente que estaba allí recostada.

Aunque sé que la culpa era de la guarra de la madre (que además aderezó la meada con una colilla) es la primera vez que he odiado a una niña tan pequeña. Espero que algún día a la madre le pase algo como ésto, que aún me duele:

Ya me he cansado de cansaros. Pronto más.

 

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